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Porque el poema de noche de Rafael Pombo es romántico
Porfa plis plis plis


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Tras el estudio de los «bambucos» de Rafael Pombo, publicado recientemente, se hace necesario, para completar las perspectivas críticas allí propuestas, ofrecer un análisis de los otros poemas populares de este gran romántico colombiano. A la primera parte de este trabajo remitimos, pues, al lector, para que entre en contacto con los datos externos del autor y de su obra.

Los poemas de que va a ocuparse este apartado tienen, como los «bambucos», una cronología precisa, si bien no tan limitada. Elementos populares aparecerán a lo largo de toda la producción de Pombo, pero se irán haciendo cada vez más raros, se diluirán paulatinamente y llegarán a hacerse esporádicos.

Dada la falta de ediciones accesibles de la poesía de Pombo -se da la paradoja de que la edición más moderna y fácil de conseguir es la de su obra inédita y olvidada (1)-, transcribiremos los textos de que trata este estudio, corrigiendo las erratas de imprenta y actualizando la ortografía en aquellos puntos en que la Academia ha introducido modificaciones desde 1916-1917, fecha en que Gómez Restrepo sacó a la luz la obra poética de Pombo (2).

LA CRUZ DE MAYO

(1877)

Coronemos, pastores,

La cruz de mayo

Que cortijos y amores

Libra del rayo.

Y cubre las labranzas

De bendiciones,

Y de paz y esperanzas

Los corazones.

Arriba buenas mozas,

Mozos arriba,

Que ni en rosas ni en chozas

Quede alma viva.

Cada linda corona

La cruz la paga,

Buen novio le aprisiona,

Buena pro le haga.

Coronemos, pastores,

La cruz bendita,

Que a quien no le da flores,

Dios se las quita.

La hermosa aquí presenta

Lo que le sobra.

El diezmo de su renta

La cruz lo cobra.

Y cada flor divina

Borra algo feo;

Cada rosa la espina

De un coqueteo.

Para la cruz los prados

Brotan jazmines

y cantan emboscados

Los serafines.

Y bailan los cabritos

Sobre las peñas,

y aliñan sus palmitos

Todas las dueñas.

Y flautas y panderos

Se vuelven locos,

y de los cocoteros

Se caen los cocos.

Devotos que hoy confiesan

Honestas llamas,

Su pensamiento expresan

Y el de sus damas.

Y en vez de agrios talantes

Que petrifiquen,

Hallan brazos que amantes

Los crucifiquen.

Y repasan los viejos

Sus verdes días,

Y en vez de dar consejos

Cantan folías.

Son las doncellas pasas

De sus bochornos,

Donde aún hoy quedan brasas

De antiguos hornos.

Arriba pues toditos,

Nuevos y viejos,

A paso de cabritos

O de cangrejos.

A poner más lucida

La cruz de mayo,

Que la selva florida

O el iris gallo.

Más galana que cuanta

Novia se ha visto.

Que la cruz es la santa

Novia de Cristo.

DESPEDIDA (SERENATA)

(1878)

¡Qué hermosa está la noche!

Pero, ¡ay, qué triste!

Decid, auras y nubes,

En qué consiste.

¿Sabréis acaso

De las profundas ansias

En que me abraso?

¿Por qué junto a esa luna

Casta y serena

Corréis, ¡oh nubecillas!,

Como con pena?

¡Ah!, ya os entiendo.

Esa brisa que os trajo

Sigue corriendo.

¿Por qué, brisas del campo,

Ricas de aroma,

Venís dando suspiros

De aquella loma?

¡Ah!, no lograsteis

Traeros esas flores

Donde posasteis.

¿Por qué lloras. ¡oh fuente!,

Por qué te quejas?

¡Ah!, por alguna orilla

Que amas y dejas.

Y yo entretanto

lloro también dejando

Lo que amo tanto.

¡Astro de mis plegarias!

¡Flor de mi huerto!

¡Blanda orilla do ansioso

Buscaba un puerto!

¡Lora al que vino

Y pasó arrebatando

Por su destino!...