Si se implementan programas de transferencias directas de dinero a las personas pobres, estos no gastarán el dinero en cervezas, sino en comida, luz y agua. De ahí que, aunque alguien robe, un programa de transferencia directa de dinero a las directoras de las ollas comunes es mejor que la entrega de alimentos a través de las instituciones del Estado ya que la entrega de alimentos deja bastante espacio para un grado más elevado de robo, la corrupción.